El alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, reconoció públicamente que el resultado de una prueba de alcoholemia realizada mientras conducía arrojó un resultado positivo. El propio dirigente confirmó la situación y aseguró que asumirá las consecuencias correspondientes, en un episodio que rápidamente generó repercusión política y mediática.

Según trascendió, el control se efectuó en el marco de un operativo rutinario de fiscalización vehicular. Tras conocerse el resultado, el hecho tomó estado público y abrió un debate sobre la conducta de los funcionarios y la responsabilidad que implica el ejercicio de cargos de alta exposición institucional.

Desde distintos sectores políticos surgieron cuestionamientos, especialmente por el mensaje que el episodio puede transmitir en materia de seguridad vial. En paralelo, voces cercanas al alcalde señalaron que el reconocimiento del resultado constituye un gesto de transparencia y remarcaron que el procedimiento se desarrolló conforme a la normativa vigente.

El caso vuelve a instalar en agenda la discusión sobre tolerancia cero al alcohol al volante y el cumplimiento de las normas por parte de las autoridades. La situación podría derivar en sanciones administrativas y eventuales consecuencias políticas, mientras se aguardan definiciones oficiales sobre el alcance del hecho.